PENA MÁXIMA

PENA MÁXIMA

Una infracción inexistente sancionada con arrogancia transforma la justicia en utopía. Y la pena máxima castiga con dureza injustificada los esfuerzos, no sólo de 90 minutos, sino la suma de esfuerzos que implica competir en la elite del fútbol argentino.

Tigre no jugaba un gran partido pero sostenía el empate con Vélez en base a esfuerzo y sacrificio. Pavone había abierto el marcador de penal (este sí bien sancionado), pero la definición exquisita de Alexis Castro, tras gran pase de Menossi,  puso el 1 a 1 que parecía iba a sellar el resultado. Porque Tigre aguantaba los embates de un Vélez sin ideas y el partido se encaminaba a un discreto empate de lunes a la noche. Hasta que la injusticia vino a romper la monotonía y a arruinarle el comienzo de semana a miles de tigrenses. Un centro más donde delanteros y defensores saltan por enésima vez a disputar la pelota, un centro más donde nada parece suceder, salvo para el árbitro que ve penal de Godoy. Penal y gol de Pavone otra vez. Después, el tumulto guiado por la bronca y la impotencia. Y la pena máxima de sentirse nuevamente despojados.

 

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