CUANDO NO QUIERE ENTRAR…

CUANDO NO QUIERE ENTRAR…

Fue uno de esos partidos dónde uno prefiere de las oportunidades perdidas, de los goles que pudieron ser y no fueron, de las pelotas rechazadas sobre la línea de gol, mucho más  que del juego desarrollado y de la manera de buscar el triunfo. Sin dudas que si había un claro ganador era Tigre, cómo se dice en la tribuna: “la pelota no quiso entrar”.
Era una buena chance para cerrar el año entre los primeros diez equipos de la tabla, pero entre algunos desaciertos y la mala fortuna, otra vez un empate que deja un sabor a poco en el cierre de esta primera parte del campeonato.
Un primer tiempo bastante aburrido, casi sin situaciones de riesgo en ambos, pero así y todo era el matador el que intentaba por todos los medios quebrar la resistencia de la defensa tucumana basada en la muy buena actuación de su arquero Lucchetti.

 

Con un planteo ofensivo, el equipo de Troglio trataba de arrinconar a Atlético pero no encontraba claridad. Intentaba con el juego que podía crear cachete Morales, juntándose con Alexis Castro en esa función de crear juego preciso. Eran constantes las escaladas de Rincón por la punta derecha, pero no podía encontrar el receptor en el área a pesar de los esfuerzos del chino Luna, le costaba romper ese cerco defensivo y abusaba de los centros al área bien controlados por la defensa visitante apoyada en el buen trabajo de Canuto. Muy poco por el lado tucumano y poco trabajo para Ibañez.

 

Ya en el segundo tiempo comenzó a inclinar el juego hacia el lado de Tigre. Las situaciones de gol comenzaban a aparecer por la noche de Victoria y la falta de suerte, de contundencia y la buena actuación del arquero visitante le prohibían a Tigre de un triunfo que ya merecía. La más clara fue la atajada de la noche cuando un remate de Sosa dentro del área chica fue rechazado en la misma línea de gol por la mano salvadora de Lucchetti. Los minutos pasaban y crecía el apuro y la falta de claridad en la definición. Un conjunto de factores que dejaba a Tigre casi con las manos vacías y un empate que sabía a escaso.
Tal vez no fue el mejor cierre. Un triunfo dejaba a Tigre en una interesante posición en la tabla. Pero una vez más la suerte le fue esquiva. Las esperanzas quedan en la segunda mitad del torneo a partir del mes de febrero. Ahí es dónde Tigre puede revalidar todo lo que insinuó en esta primera parte. Y la verdad es que el equipo tiene con que ilusionar a su gente.

 

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