CON EL PIE IZQUIERDO

CON EL PIE IZQUIERDO

Después de una larga espera, de ver como se fueron viejos conocidos e iban llegando caras nuevas. Después de alimentar una expectativa por volver a la tribuna, alentar y cantar “esta campaña volveremos a estar contigo”. Después de tantos pronósticos sobre cómo sería el nuevo Tigre, con Caruso a la cabeza. Después de todas esas ansias se despertó el Matador, aunque no fue de la mejor manera.

El rival del debut, Vélez: un contrincante que en los últimos campeonatos fue el antónimo de aquel viejo equipo que dirigía Ricardo Gareca, el cuál rival se le pusiera en frente le ganaba. Además, sabiendo que no podría utilizar algunos de sus refuerzos (Cristaldo y Bergessio) y teniendo en cuenta las fichas que se ponen cuando sale a la cancha un equipo totalmente renovado como el de Tigre, uno imagina que puede ganar. Sin embargo, no hay que olvidarse que esto es fútbol y no sería un disparate quemar los papeles cuando el resultado termina siendo un 3 a 0 de local.

El primer tiempo fue muy parejo, más que parejo no corrió peligro ningún arco. Excepto un remate por debajo de Vargas, que terminó siendo saque de arco. Sobre el final, la más cercana al gol por parte de Maximiliano Caire, quien encontró un rebote defensivo. Éste definió tan fuerte que la pelota hizo pinball entre un central y Alan Aguerre. Hasta ahí fue la primera etapa. Un 4-4-2 típico de Caruso, buenas asociaciones de la dupla Stracqualursi-Luna, un ida y vuelta por las bandas de Caire y Depetris tirando centros a la olla, pero el problema puede que haya estado en el doble cinco por no estar aceitado.

Ya en los primeros minutos del complemento, el error por un pase de Caire a Niz, hizo que Federico Andrada aprovechara dándosela a Matías Vargas, quien metió un centro diagonal a Maximiliano Romero y pum, gol de Vélez. Primer golpe bajo. El segundo nació mediante la formula del contrataque: otro centro y Andrada, el que había robado la pelota del 1-0, esta vez definió el 2-0. El golpe del nocaut fue una exquisitez de gol, entre el pase de Vargas, la lectura que Romero hizo para recibirlo y el bombazo que dejó sin poder hacer nada a Julio Chiarini. 

A pesar de estar 3-0 abajo, Tigre insistió para descontar desde algún que otro remate de Alexis Niz, Rodrigo Depetris y luego Martín Galmarini, pero la eficacia y la respuesta de Aguerre desmoronó la ilusión. Los ingresos de Matías Pérez García y Lucas Janson le dieron aire al equipo, pasó a ser dinámico en juego y tal vez sea un puntapié para meter mano en el equipo de cara al próximo duelo que tendrá un condimento especial. Ayer se comenzó con el pie izquierdo, pero ahora es dar vuelta la página y pensar que dentro de quince días hay que ganar. Más allá de la situación, lo que importa es el rival.

 

Redacción: Santiago Santin

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